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Un año desde la petición de ayuda a Sasha Garros

Publicado el September 22, 2016

Queridos amigos nevskianos,

El 14 de septiembre de 2015 publicamos nuestro post "Petición Urgente de Ayuda: Sasha Garros". Vuestra respuesta fue increíble: comenzamos con la idea de recaudar unos cuantos cientos de euros, y gracias a vuestra generosidad la familia de Anna Starobinets recibió un poquito más de 6.000 euros, lo que equivale a prácticamente el 10% del total que recaudaron para el tratamiento de Sasha.

Nos complace muchísimo compartir con vosotros este «guest post» de Anna Starobinets, un texto personalísimo de la autora, que por fin da de forma oficial las noticias que todos estábamos esperando sobre Sasha. El siguiente texto ha aparecido publicado en el blog personal de la escritora, y nos ha pedido a nosotros, sus editores españoles, que lo traduzcamos y lo reproduzcamos aquí, destacando con su expresión de gratitud a sus fans y lectores españoles. Un abrazo a todos:

 

«Todo es exactamente igual que hace un año. Es septiembre. Llevamos puestos unos cubre-zapatos de plástico. Estamos aterrorizados. Cargamos con una bolsa llena de pañales. Pagamos en la caja. Nos dirigimos al edificio contiguo. Pasamos la fuente cubierta de hojas caídas. Pasamos los manzanos rodeados por sus frutos podridos. La gente en los pasillos: concentrados, aterrados, mirando hacia adentro. La misma mirada «hacia dentro», que tienen las embarazadas. También los gatos cuando los llevas al veterinario. Y todos los que esperan en el pasillo a que los llame el oncólogo.

El Hospital de Oncología Nº62 es un portal a otro mundo. Puede ser que estés sano o enfermo, puede ser que ya tengas tu diagnóstico, o que lo esperes, puedes ser joven o viejo, un hombre o una mujer, un príncipe o un mendigo. Seas quien seas, antes de entrar aquí, antes de haber pasado el control, aún habitas el reino de los vivos. Tan pronto como se te permite el paso al territorio del hospital, tan pronto como te diriges, con el paso lo más firme que puedes, hacia el edificio central amarillo, tan pronto como te has calzado los cubre-zapatos de plástico del hospital, has pasado a habitar un territorio entre la vida y la muerte. Te encuentras sentado al lado de una ventana que todavía está un poquito abierta, y a través de la cual se cuela una fría corriente de aire que te golpea desde el mundo exterior. Cuanto más cerca te encuentras de la consulta del médico, más puedes sentirla.

—¡Ah! Hola, Alexander.

—Hola, ¿tiene ya mis resultados?

—Sí, tus resultados ya están en el sistema.

Hay una sonrisa, fría y de circunstancia, en el rostro del médico. Puede significar cualquier cosa.

—Estamos comprobándolos una vez más para estar seguros, y luego lo comentaremos todo contigo. Siéntate mientras esperas.

Y esto es incluso peor. Porque sientes que la ventanita se abre de golpe. Todas las ventanas se abren de golpe. Tomas asiento, y te dedicas a mirar tus cubre-zapatos de plástico del hospital. Y te preguntas por qué no te protegen de la corriente.

—Mira, aquí hay algo interesante —comenta el oncólogo—. Los últimos resultados son de hace un año. No, mira, EXACTAMENTE de hace un año. Mira, la misma fecha. Y la hora. 11:55. Mira, esto es lo que ponía hace un año: «Presencia de un tumor… tra-lalá… no se puede descartar… tra-lalá…» Ahora mira lo que dice el informe de hoy: «Condición tras la extirpación del esófago… tra-lalá… No se observa retorno de la condición». Así que eso quiere decir que hoy, si me permitís ir al grano, estás completamente sano. Increíble, ¿verdad?

Así es, increíble. De acuerdo con los resultados de las pruebas que se le han realizado (gastroscopia, broncoscopia, análisis de sangre para buscar marcadores de cáncer, y un escáner cerebral con contrastes) Sasha no tiene absolutamente nada.

En general me caen bien todos los médicos con los que hemos tratado en hospital 62. Trabajan eficientemente, y, por lo que puedo ver, profesionalmente; son simpáticos, no exigen dinero debajo de la mesa, no aceptan sobornos. Incluso realizan un número elevado de tareas sin cobrarnos; aunque oficialmente Sasha debería pagar absolutamente por todo. Lo único que no entiendo es por qué existe una prohibición absoluta a llevar a cabo ciertos procedimientos, tales como la broncoscopia o la dilatación del esófago, sin ningún tipo de anestesia. ¿Y por qué el grado de resistencia al dolor propia de un samurai que demuestre el paciente está directamente conectado con el respeto que recibe de los trabajadores del hospital? Por supuesto, no necesito añadir que todo el mundo respeta muchísimo a Sasha. Pero ¿por qué lo hacen? La típica conversación estúpida que solemos tener, Sasha, el técnico encargado de la endoscopia, y yo:

Yo: Pero, ¿no le puede dar ninguna anestesia para la prueba?

Enfermero: Podríamos, pero ¿para qué? La última vez lo aguantó muy bien. Es un muchacho fuerte. Lo soportará.

Sasha: Lo soportaré.

Y ahí termina mi digresión poética. Esta mañana nos sentimos increíblemente ligeros, sentados un poquito más lejos de la corriente fría. Podemos relajarnos durante otros seis meses, hasta la próxima revisión.

Gracias por vuestra ayuda. Gracias por Sasha. Exactamente hace un año os supliqué que le ayudarais a quedarse conmigo. Y aquí está. A mi lado.

 Anna Starobinets»

 

#SashaGarros #Gracias

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